Piscis, de las adicciones al misticismo


Cualquier forma de amor que encuentres, vívelo.

Anais Nïn

 

Ya os lo adelanto: Piscis no es fácil. Ni de describir, ni de encasillar, ni de experimentarlo siquiera dentro de la propia carta natal. Es lo que tiene ser el duodécimo y último signo del zodiaco: a la hora de los conceptos, se torna escurridizo como un pez. O mejor dicho, ¡como dos peces!

Tras esa aparente debilidad, Piscis posee una fuerza interna incomparable. Capaz de provocar el maremoto más trágico. Pero también la marea más sublime que refresque y sacie la sed del mundo entero.

Así de contradictorio. Así de mágico. Así de místico es el signo de los pececitos.

Empecemos pues…

No tan breve clase de Astrología sobre Piscis

Ya sabéis que en esta serie sobre los signos del zodiaco siempre me detengo en la clasificación por elemento, polaridad y cualidad. Me encanta hacerlo pues, de verdad, es tanta la información que podemos extraer al respecto.

Tomad nota. En Piscis encontramos a un signo de agua, femenino y mutable. Por tanto se trata de un arquetipo que interacciona con el entorno a través de las emociones, de los sentimientos.

Ya mencionábamos la analogía cuando estudiábamos a Escorpio: en Cáncer, el agua nace y fluye como un río; en Escorpio se estanca dando lugar a pantanos y a aguas sulfúricas. Piscis, por su parte, simboliza a los mares y océanos.

Pensadlo. El océano. Pensadlo otra vez. Visualizadlo. Inabarcable, misterioso, ocupa la mayor parte de la superficie de la Tierra y en sus profundidades conviven criaturas hermosas y otras extrañas, casi extraterrestres. A él van a parar todas las aguas.

Todo esto nos remite a la grandiosidad de Piscis, a su insondable vastedad y a su capacidad receptora. Piscis incluye, recibe, es depositador y se abre al otro como ningún otro signo. Su extrema sensibilidad le permite captar las energías y los humores de las situaciones y personas que encuentra. Pero a veces -o a menudo- se carga demasiado. Se contamina. Se lleva los problemas ajenos a cuestas o se pierde en las opiniones y deseos de los otros. Como una esponja psíquica que todo lo absorbe.

Por ser mutable, además, el signo se adapta, evita el enfrentamiento, se dualiza y camufla. De hecho, Piscis puede resultar muy difícil de reconocer ya que, dependiendo del ambiente que lo rodee, reacciona de una u otra manera.

Esta singular criatura conocido como pez duende vive en las profundidades del Índico, Pacífico y Atlántico.

Dentro de la rueda, Piscis ocupa nada más y nada menos que el último lugar en el zodiaco. Se trata de una posición relativa, ya que la rueda es eterna, nunca se detiene. Pero en cualquier caso se le considera un signo de finales, de disolución, de preparación para comenzar de nuevo.

Recordemos que con Acuario -el arquetipo previo-, el individuo se pasaba la normas por el forro de la chaqueta. Reinaba la anarquía y los deseos personales se subordinaban en pro del bien del colectivo. Ahora en Piscis, los restos de estructuras que explotaron por los aires se van diseminando, fundiendo, mezclando. Los débiles contornos se pierden y el ser ya no se subordina al colectivo sino a la unidad total, al universo, al dios que le corresponda. De hecho, una frase que bien define a Piscis es: Yo soy uno con el todo.

Piscis es capaz de captar o intuir que existe un origen o destino primigenio, un lugar del que todos venimos, al que todos regresamos y en el que todos somos uno. Por tanto, buena parte de sus experiencias vienen marcada por la necesidad de recrear esta fusión universal. Piscis necesita conectar con el otro. Precisa trascender esta terrenalidad que nos rodea.

¿Cómo lo hace? Bueno, aquí es cuando se complica la cosa. A veces recurre a la música; otras al baile, al cine, a la fantasía, la creatividad. Puede ser que necesite del alcohol, de medicamentos o de enteógenos. O que sublime su deseo a través de amores sagrados, del sacrificio y el misticismo. Como veis aquí hay mandanga para rato pues, en esta búsqueda innata, Piscis puede pasar de de la espiritualidad y la compasión a los problemas de adicción y dependencia.

Con esto no quiero decir que todos los pececitos o son iluminados o borrachos. En absoluto. Recordad eso de que cada carta es un mundo. Estamos hablando siempre del arquetipo puro y sus posibles manifestaciones.

Sigue la clase sobre Piscis

Opuesto a Piscis en la rueda tenemos a Virgo. Virgo es un signo de tierra que representa la optimización, el pragmatismo, el pensamiento discriminatorio, la división en compartimentos ordenados, el raciocinio, el trabajo, la medicina y el servicio. Piscis, como contrario, nos habla del caos, la confusión, la duda, la intuición, la pereza, la imaginación, el escapismo, lo irracional, lo mediúmnico, los mundos paralelos, la enfermedad y -ojo que en esto coinciden- el servicio.

Tanto Virgo como Piscis son signos que arrastran peso kármico y les toca, de una manera un otra, colaborar y asistir a los otros. Virgo representa al médico y Piscis a la monja o al enfermero. Ambos son capaces de ofrecer ayuda desinteresada, sin importar de quién se trate.

Piscis posee dos planetas regentes. El regente tradicional es Júpiter -del que ya hablamos en el artículo sobre Sagitario-, que otorga a los peces cierta fortuna, disfrute, espiritualidad y necesidad de expansión y viajes. Si Sagitario cabalga por las praderas, Piscis navega por los océanos. Y si Sagi se expande hacia fuera, los pececitos lo hacen dentro de su mundo interior.

Neptuno constituye su regente moderno, el dios romano de las aguas y los mares; seguro que lo tenéis presente con su tridente y carruaje acuático, por ejemplo, si vivís en Madrid. Neptuno era el hermano mayor de Zeus y tenía un carácter un tanto voluble. Cuando se le cruzaban los cables, liaba una gorda entre tempestades, maremotos y tsunamis.

Vosotros buscad en vuestra carta dónde os cae Neptuno, pues indicará ese área pisciana, nebulosa y propensa a sufrir desengaños y tempestades emocionales, según la marea.

En el cuerpo, Piscis rige a los pies. Vais a encontrar que muchas personas con problemas de pisada, zapatos ortopédicos y operaciones en los pies tienen un Piscis mal dispuesto o una casa XII compleja. Por su naturaleza pasiva, tiende a coger peso, así que abundan los piscianos regordetes, sin hombros y con el cuerpo un tanto de pera. También los hay un poco más acuarianos: largos y espigados. A veces las cejas caen otorgándoles una expresión angelada. Pero no olvidéis que tienden a mimetizarse y por tanto resulta bastante complicado identificarlos.

Dualidad, mentira, inconsciente y la Era de Piscis

Piscis es uno de los signos más antiguos. En Mesopotamia se le conocía como un único pez. Sin embargo, con el tiempo ha pasado a representarse con dos criaturas: cada pez mirando hacia lados opuestos y unidos por un guión.

Existe a su vez otra iconografía que muestra a los peces dispuestos en una suerte de círculo y conectados por la boca, lo que evoca a la rueda eterna e incluso al Ying-Yang taoísta.

Estas representaciones dobles apuntan a la dualidad y al conflicto del signo que a menudo se sumerge y bloquea en dudas y dilemas que para el resto del zodiaco carecen de fundamento. Muy a menudo vais a ver que Piscis siempre tiene un lío en la cabeza.

A su vez, y debido a la dualidad, vamos a encontrar a piscianos muy sublimes, honestos y preocupados por alcanzar la iluminación así como a otros incapaces de asumir responsabilidades, mentirosos compulsivos, abandonados a la deriva o a la búsqueda del sol que más caliente.

Junto con el resto de signos de agua, Piscis es artístico y creativo por excelencia. A través de su rica fantasía, de su mundo interno, es capaz de sintonizar con el inconsciente colectivo o con lo que en mitología egipcia se conocía como el Mar de Nuu: esa primera sustancia abstracta, el elemento caótico que contiene el potencial de la vida.

De inspiración inagotable, ya sea con una pintura, una canción, un cuento, una película, un plato de comida… Piscis es capaz de emocionarnos y hacernos vibrar en una parte intangible y misteriosa del cuerpo a la que habitualmente el resto del zodiaco no tenemos acceso.

En su anhelo de unidad, Piscis representa a la empatía divina, es decir, la capacidad de identificarme con el prójimo y, por supuesto, de sufrir por el dolor ajeno -de ahí su fuerte conciencia social. En su mejor cara, este signo es de naturaleza humilde, bondadosa y compasiva, capaz de sacrificar su voluntad por los otros. Sin embargo, Piscis ha de cuidarse y no pecar de crédulo porque entonces sufrirá muchos engaños y decepciones a lo largo de su vida.

No podemos escribir sobre Piscis sin hablar de Jesús de Nazaret, para muchos el pisciano por excelencia. La verdad es que existen numerosas teorías acerca de la fecha concreta de su nacimiento. Hay una carta muy bonita propuesta Don Jacobs -un astrólogo, por cierto, Piscis- que sitúa el natalicio al 1 de marzo del 7 a.C. Justo aquel día coincidían seis astros en el signo de los pececitos marcando lo que muchos consideran el inicio de la Era de Piscis.

Os dejo aquí la carta. Es bien linda. Para lo más aficionados.

Seis planetas en Piscis en esta carta de Jesús de Nazaret

El significado de los planetas en Piscis

En toda carta natal, cualquier planeta situado en Piscis así como la casa que ocupe Neptuno van a mostrar muchas de las características mencionadas en este artículo. Nos indicarán el área de la vida donde podemos sentirnos creativos, intuitivos y espirituales. Será una zona de romanticismo, en la que reinará cierta duda y caos y donde, por supuesto, no podremos actuar movidos por la lógica.

El Sol en Piscis, en función de los aspectos que reciba, manifestará con naturalidad muchos de estos atributos y albergará cierto mundo privado que le servirá de refugio y al que sólo él tendrá acceso. En el caso del Ascendente, Piscis rodea al nativo de situaciones un tanto confusas y místicas forzándolo a abandonar la razón y a seguir más sus intuiciones. Puede dar roles muy poco definidos en la familia: padres que actúan como madres, hermanos mayores que nos resultan casi desconocidos, padrastros, madrastras, amantes.

A mí la Luna en Piscis me encanta aunque puede ser un poco difícil de llevar. Esta Luna representa a todas las abuelitas del universo: trae una fuerza maternal sanadora impresionante, si bien también puede representar enfermedades y sensibilidad que ahoga. En Mercurio, los pececitos están exiliados, es decir, un tanto débiles o torpes. Hace al nativo despistado, subjetivo y muy poco práctico pero capaz de sintonizar con lenguajes simbólicos. Venus en Piscis, al contrario, se encuentra exaltado, es decir, sobreexcitado y dispuesto a dar todo el amor y más. Esta posición resulta muy amorosa y con cierta tendencia al sufrimiento: romances trágicos, apasionados, platónicos… A veces todo sucede en la imaginación de estos individuos. Marte puede parecer muy tranquilo, pero es un torbellino emocional: tiene grandes dotes seductoras y una innata capacidad para ayudar a los otros.

Júpiter en Piscis también está muy bien puesto y se le relaciona con la buena suerte: como si el individuo tuviese un angelito de la guarda que incluso en sus excesos lo protege. Con Saturno en Piscis se sufre de pies fríos o de terror a la oscuridad; en algún momento se deben posponer los planes por tener que cuidar de un enfermo.

Urano transitó Piscis del 2003 al 2010. Me parece una posición muy interesante ya que puede sacudir todo lo añejo en los temas espirituales. Neptuno ingresó en Piscis en el 2011 y seguirá hasta el 2026. Se trata de un emplazamiento fuerte que apunta a que sí o sí la mística, el yoga, la meditación y la búsqueda interna va a dominar lo que queda de siglo. Plutón sólo llegará a los Peces en el 2046. De momento, no pensemos tanto en el futuro.

Cuando los Piscis se lo proponen son unos grandes. No faltan sus caritas en el mundo de las artes. Ya sea en la música -Nina Simone, Kurt Cobain, Lou Reed, Rihanna-, el cine -Buñuel, Bertolucci, David Cronenberg, Liz Tailor, Drew Barrimore, Juliette Binoche-, la literatura -Anaïs Nin, García Márquez, Chuck Palahniuk, Jack Kerouac… son tan sólo una pequeña muestra de piscianos conocidos. La lista se prolonga eterna con personajes y personajillos como Miguel Ángel, Einstein, Nureyev, Felipe González, Aznar y, no podía quedarse fuera, Sarita Montiel.

Piscis puede destacar, además, como socorrista, enfermero, misionero, zapatero, bailarín, místico, veterinario, instructor de yoga, terapeuta artístico, puericultor, marinero y chamán.

Rige los secretos, las alergias, el mundo de los sueños y las tendencias del pasado. También signatura a la niebla, el reuma, el Alzheimer, la ludopatía, los barcos, las mareas, la gota fría, el pescado, el plástico, la suciedad, la dejadez, la mendicidad, los vagabundos…

Junto con Saturno y la Luna, rige a los ancianos y a los asilos. A su vez se le relaciona con la cárcel, las misas, sectas, ceremonias religiosas y chamánicas; con hongos, marihuana, peyote, el LSD y la ayahuasca. Con todas las bebidas alcohólicas, las borracheras, la cirrosis y el delirium tremens. Magos, videntes, tarotistas, engatusadores y mentirosos. Todos caen dentro del mismo saco. Y todo lo que concierne el mundo del cine y la televisión, que no es más que un mundo mágico de ilusiones. No sigo con la lista pero seguro que os resulta significativa…

Desde el 18 de febrero hasta el 20 de marzo el Sol transitará por Piscis animándonos a conectar con el inconsciente, el amor puro y universal y nuestro lado más artístico. Época espléndida para orar, meditar, bailar, bañarnos en el mar, ver mucho cine, ayudar sin interés e incluso llevar un registro de nuestros sueños. Para sentirse uno con el universo.

Y ya sí que me despido. Felicidades a todos esos Piscis que conozco -que sois muchísimos y bien geniales y especiales. Y aquellos que no conozco, muchas felicidades también.

Nos leemos muy pronto. Mil gracias.

Emilio P. Millán

 

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