Cáncer rige a los ríos. Vista aérea del Amazonas.

Cáncer, un arquetipo entre el mar y la tierra


No era que mi madre me impusiera realmente lo que tenía que sentir. Era una autoridad sin necesidad de cuestionar nada, Alice Munro

 

Sabéis que cada mes -además de los boletines y artículos puntuales- publico un especial sobre el signo del zodiaco correspondiente. Mis maneras de abordar cada arquetipo varían: con Escorpio o Piscis me siento como en casa ; Acuario y Tauro me fascinan; a Capricornio lo respeto y trato en la familia y la redacción sobre los Géminis acabó convirtiéndose en un cachondeo.

Sin embargo, ahora que le toca el turno a Cáncer me siento –sentir, qué verbo tan canceriano- un tanto dubitativo: saqué mis apuntes viejos, empecé y deseché el texto varias veces y, mientras conectaba con el arquetipo, me perdí entre musarañas y recuerdos. Daba un pasito palante y dos patrás, al más puro estilo cangrejero.

Al final, me quedó este artículo tan especial sobre Cáncer: un signo caprichoso, cambiante y emotivo. Duro por fuera, blandito por dentro y tan humano como cada uno de nosotros.

Breve clase de Astrología sobre Cáncer

Vamos a comenzar, como siempre, con los características básicas del arquetipo. Por cierto que hablar de lo básico resulta algo muy inherente a este signo, que representa -nada menos- que la protección y el sostén nutritivo del ser. Algo así como que si que si no comemos, nos morimos.

Fijaos su vital importancia que los griegos llegaron a afirmar que el zodiaco no se iniciaba en Aries sino en Cáncer, de la misma manera que el día no comienza al amanecer -con la línea marcada por el Ascendente– sino a la mágica medianoche -correspondiendo con la casa IV o fondo del cielo de la carta natal.

Con Cáncer descubrimos a un signo de agua, femenino y cardinal. Del elemento agua hemos hablado harto -tanto en Escorpio como en Piscis y sobre todo en este artículo– así que os debería quedar claro que este arquetipo reacciona de manera emocional a la vida, bucea con gusto en sus sentimientos y compensa su subjetividad con una atinada intuición. El agua es kármica y pesada -pesada porque arrastra emociones, misterios y experiencias que se escapan a la lógica. También es un elemento muy conectado con el inconsciente, lo que se traduce, entre otras cosas, en creatividad. Vamos, que el cangrejo es un ser fantasioso y muy creativo.

Como arquetipo femenino tiende a la introversión; esto es, a atraer sus objetivos en lugar de lanzarse a por ellos. Visualizad esos cangrejos que se mueven de lado: así actúa Cáncer, de manera oblicua, eludiendo lo directo. Con todo -y a pesar de su carnecita blanda- Cáncer es un signo con un par de ovarios, huevos o gallifantes. Pensad que pertenece a la triplicidad cardinal, lo que le confiere iniciativa, poderío, liderazgo y necesidad de acción. Sus pinzas le permiten agarrar lo que más le interesa y no soltarlo por nada del mundo.

En Géminis -signo previo- el ser aprendía, jugaba y comenzaba a interactuar con el ambiente. Géminis es el nene que pisotea hormigas o le arranca una pata al escarabajo por diversión o para curiosear qué sucede.

En la etapa de Cáncer, el niño ya no quiere pisotear bichos ni dejar cojo al escarabajo porque empieza a intuir -otro concepto, de nuevo muy canceriano- la importancia emocional de aquello que le rodea. Cáncer es el primer signo de agua dentro del mandala: su inaugurada sensibilidad lo vuelve muy susceptible y, por tanto, necesita protegerse. Por eso se la pasa buscando seguridad y refugio, protección. ¿Y quién representa mejor estos valores en la vida del ser? Pues la madre. De hecho, como veremos, el vínculo maternal será un importante tema a tratar en la vida de Cáncer.

Opuesto a Cáncer, en el horóscopo, encontramos a Capricornio. Recordad que Capri simboliza la frialdad, la ambición, la profesión, el salir fuera a cumplir con la sociedad y, por supuesto, el padre. Cáncer, por su parte, nos remite al hogar, la cocina, la nutrición, el cariño, lo íntimo, lo sentimental y, no podía ser de otra manera, a las mamis. Si Capri sale a currar y a traer dinero para la familia; Cáncer hornea, decora la casa y amamanta a sus hijos. Por supuesto, se trata de una tremenda generalidad, pero sirve para entender estos polos opuestos y su importancia cardinal en el zodiaco.

Frágiles, cambiantes, pueriles, seductores, tímidos o hiperactivos; Cáncer de pronto anda riendo que llorando. Quizá se debe a que su regente es la Luna, nuestro mágico satélite. Sobre la Luna tenéis este genial artículo pero baste recordaros que se la pasa mudando de forma, creciendo o menguando; a veces, llena y luminosa; otras, ausente y oscura. Su peso en el imaginario colectivo, en las artes, en la historia de tantas civilizaciones no hace sino subrayar la primordialidad del signo Cáncer. Por eso, para cualquier estudio natal y para vuestra carta, siempre hay que comprobar el estado de la Luna, los aspectos que recibe así como la casa IV y la que tenga cúspide en Cáncer.

Mitos, madre, universo

Cáncer se nutre de bastantes mitos y símbolos. Podemos recurrir a la lámina de Johfra dedicada al signo: en esta descubriremos, dominando la imagen, al cangrejo -pero no uno cualquiera, sino el cangrejo ermitaño, que transporta su concha (su hogar), donde quiera que vaya. Así, Cáncer nunca pierde de vista sus orígenes y tiene la capacidad de crear vínculos familiares con la gente que lo rodea.

Cáncer, por Johfra Bosschart

Siempre hermosas y cargadas de simbología. Cáncer, por Johfra

En la lámina también vais a apreciar a unas tortuga caminado por la playa y al escarabajo pelotero, ambos símbolos egipcios precursores de Cáncer. Las tortugas, al igual que el cangrejo, son de piel blandita, viajan con la casa a cuestas y se protegen ocultándose en el caparazón. Esto es típico de Cáncer que, cuando se le hiere, desaparece, baja las persianas de su hogar y se refugia en su mundo interno. Las tortugas, además, representan a animales viejos y sabios y viven entre el mar y la tierra, conectándonos con lo onírico, lo místico, lo primigenio; con el origen de todo ser.

Por su parte, el escarabajo pelotero forma una bolita de estiércol donde deposita y protege sus huevos para su incubación. En Egipto se le rindió un importante culto, considerándolo animal sagrado. Fijaos que Cáncer nos remite a la maternidad: es un signo muy consciente de la necesidad de unos límites que protejan al ser para que pueda desarrollarse.

Dentro de la mitología griega destaca la historia de Aquiles. Su madre, Tetis, era muy pesada, asustona y sobreprotectora. Era tan intrusiva que, para evitar que Aquiles marchase a la guerra, lo vistió de mujer. También lo escondió en la corte de Licomedes, donde el joven pasó nueve años con las hijas del rey. Menos mal que, al final, Aquiles se espabiló -sobre todo tras la muerte de su amigo Patroclo-, logró independizarse y cumplir con su verdadero destino.

De manera que Cáncer suele vivir una historia compleja con su madre. Pareciera que la madre lo atrae, lo retiene y lo protege pero ¡cuidado!: al mismo tiempo le impide realizarse como persona. Así a Cáncer le cuesta salir del núcleo familiar; abandonar sus orígenes, su barrio, sus costumbre; aprender a decidir por sí mismo. Encontramos este arquetipo en nativos que viven hasta muy tarde con los suyos, que dependen del último juicio de la madre, que se emparejan con personas que perpetúan este arquetipo materno. Por eso, una importante lección para Cáncer es romper el cordón umbilical. Salir al mundo. Formar su propia hogar, sus propias opiniones. Luego, más adelante, podrá volver a acercarse a la figura de la madre desde otra perspectiva. Como ser individual. Y entonces darle las gracias y presentarle sus debidos respetos.

El mito de Aquiles además nos habla de aceptación de la sensibilidad en lo masculino. Fijaos que Aquiles se disfraza de mujer y vive nueve años rodeado de las hijas de Licomedes. Es un guerrero bastante afeminado. En estos días que se celebra el ostentoso e hipercapitalista Orgullo en Madrid conviene recordaros que el hombre y la mujer conviven en cada uno de nosotros y que menospreciar cualquier muestra de sensibilidad no es más que otra forma de discriminación.

De manera que Cáncer, cuando se lo propone, consigue salir de casa -física y emocionalmente- a la búsqueda de su propio hogar. Para estos nativos puede resultar de tremenda satisfacción encontrar pareja, formar familia -es un arquetipo muy tradicional– y construirse una vivienda. Obvia decir que la maternidad o la paternidad constituyen un episodio importantísimo en la vida de un Cáncer: entonces son ellos quienes han de ofrecer seguridad y protección a la recién llegada criatura. Saben hacerlo como ninguno: Los Cáncer son supermadrazas y supermadrazos.

Ya lo dijimos al principio: Cáncer es un signo muy humano, capaz de empatizar con todos los seres que lo rodean. Necesita nutrir a los otros y, al mismo tiempo, sentirse nutrido. Esto lo consigue formando parte de cualquier grupo que, de alguna manera, represente a la Madre. Y conforme Cáncer evoluciona, el concepto de Madre se amplía: se transforma en la naturaleza, en el mundo, en el universo. Entonces surgen esos comprometidos sindicalistas, cuidadores, enfermeros, ecologistas, veterinarios. Los auténticos ciudadanos del mundo.

El significado de los planetas en Cáncer

En toda carta natal, cualquier planeta situado en Cáncer -así como la casa que ocupe junto a la Luna- revelará algunas de las características mencionadas a lo largo del artículo. Indicará áreas y facetas de la vida volubles, emocionales y un tanto regresivas. Nos hablará de costumbres. De nuestra alimentación. Del tipo de familia del que procedemos y la que podríamos formar.

El nativo con el Sol en Cáncer ya vibra con este sentimentalismo. Tenderá a ser hogareño y deberá luchar por cortar la dependencia familiar. En el caso de la Luna, se dice que está domiciliada, es decir, a gustico: otorga cualidades maternales, creatividad y excelente memoria. Ojito que, a veces, genera rechazo al embarazo.

Cuando cae en el Ascendente, el sujeto atravesará experiencias cancerianas donde se protege y se busca el contacto profundo con el otro. Familias que adoptan hijos, respeto por la tradición, comilonas, restaurantes, guarderías… Estos ambientes y vivencias se repetirán hasta que el nativo integre las cualidades típicas de Cáncer.

Mercurio en el cangrejo se vuelve subjetivo: le pueden las emociones, su miedo a las reacciones ajenas y su tendencia a fantasear. De nuevo, espléndida memoria, pensamiento creativo e intuición. Venus en Cáncer es cariñoso, bondadoso, maternal, un gran cocinillas y un enamorado de las antigüedades. Junto con la Luna en Cáncer, fabulosos anfitriones y, en la intimidad, seres sanadores que te hacen sentir pero que muy requetebien.

Marte en Cáncer -lo hemos dicho bastante en los últimos Boletines– se encuentra en caída, lo que, sobre todo, se traduce en susceptibilidad y agresividad mal canalizada. Con todo, se le puede buscar el lado bueno: se trata de un Marte muy patriótico, protector de la familia y -si se trabaja- un excelente compañero sexual. De Júpiter en el cangrejo se dice que está exaltado. Esta posición suele conceder buenrollismo familiar, sano respeto por el folclore y la tradición y confianza espiritual. Justo lo contrario a Saturno, que en Cáncer reprime y petrifica las emociones. La familia, la maternidad, el contacto profundo se convierte en un pasaje penoso que es necesario atravesar.

Urano cruzó Cáncer desde 1949 hasta 1955, revolviendo la unidad familiar, añadiendo aparatejos electrónicos al hogar y echando por alto tradiciones añejas. Neptuno anduvo por Cáncer entre 1902 y 1916: en mi opinión, un paso armonioso que coincide con grandes avances esotéricos y del mundo del psicoanálisis. De Plutón en Cáncer (1914-1939) se ha dicho que coincidió con la primera guerra mundial, la guerra civil español, el fanatismo patriótico y el auge del nazismo. Tiempos muy jodidos.

Tenemos, por supuesto, mogollón de Cáncer famosos y famosetes. Por ejemplo, Pau Gasol, Indurain o Messi, por comenzar con el mundo del deporte. Están los cantantes George Michael, Róisín Murphy, Chenoa y Beck. Actores como Juanjo Puigcorbé, Harrison Ford, Tom Cruise y Stallone. Y actrices como Victoria Abril, Meryl Streep, Emma Suarez, Verónica Sánchez y Elena Anaya.

De las artes seguro que reconocéis a Frida Kahlo o a Botero. También os sonarán la princesa Diana, Nelson Mandela y el Dalai Lama. Ya que vivo aquí en Berlín no puedo escaparme sin nombrar a Angelita Merkel. Y como aspiro a geniales premios literarios debo mencionar también a Hemingway, Orwell, Neruda y Alice Munro.

Mis abuelos, mis padres y yo, Frida Kahlo

“Mis abuelos, mis padres y yo”, Frida Kahlo, 1936

Cáncer rige el pasado, la memoria y las raíces. Tienden a guardar todo objeto -desde un trozo de papel del culo hasta una conchita marina rota- al que le hayan atribuido un valor emocional. Son por tanto, unos coleccionistas geniales. También adoran investigar sus orígenes, confeccionar árboles genealógicos, clasificar fotos y escribir diarios. Cuando reordena su pasado, Cáncer disfruta y se descubre.

Ya dijimos que posee una excelente memoria; aunque a veces les cuesta perdonar y se vuelven un tanto rencorosos. Además, les encanta recuperar viejas anécdotas y adornarla con sus fantasías. Son unos estupendos narradores.

Quejicas, mandones, nostálgicos, poco progresistas y un tanto elementales, en Cáncer -más que nunca- cerebro y estómago se funden. A ellos les vale ese famoso refrán que afirma: A barriga llena, corazón contento.

Cáncer signatura el agua de los manantiales, las fuentes y los ríos. También los restaurantes, los bares, las hornillas y los cocineros. Rige la despensa, la compra y el supermercado. Los barrios y el patriotismo. Las estampitas religiosas y las procesiones de madrugada. El cuartel de la guardia civil. También signatura toda comida como alimento básico -nada de cocina molecular o elitista, sino un buen potaje, una barra de pan, una docena de huevos o un caldo. Por supuesto rige la leche materna y a todos los lácteos y sus derivados.

Se le relaciona con los bebés, con su carita blanca y redonda. En las partes del cuerpo corresponde a los lunares, el pecho y la piel clara que se enrojece como un cangrejo cuando le da el sol. Entre sus profesiones encontramos a historiadores, antropólogos, puericultores, funcionarios, veterinarios, anticuarios, picoletos, cocineros, arquitectos y chamanes. Rige a las brujas y a las magas. A los partos, las camadas y los temazcales.

Durante todo un mes, el Sol transitará por este mágico arquetipo, invitándonos a recogernos, a compartir con la familia, a conectar con la ternura y la intimidad. Son días fabulosos para disfrutar de la cocina, decorar la casa, ordenar viejas fotos o imprimir aquellas que hace tiempo aguardan en el ordenador. Momento idóneo para hacer las paces con los parientes. Para disfrutar de los niños. Soñar con el embarazo. O comenzar a escribir un diario onírico.

Y como no podía faltar, aquí van tooooodas mis felicitaciones para mis colegas Cáncer: Empiezo por la Pelona -por arriba, Peludita por debajo-; sigo por Piket, Carmen, Yoli, Julia y Tainius aka Osito playero. Luego le pego un salto al charco y le mando mis cariños a Manolita, Isaac, Hiram, Juanito, Alexis, Andrés, Clovis y Leandro Astrofílico. Y como se me quedarán nombres en el tintero, extiendo las felicitaciones a todos los demás Cáncer. Espero que tengáis un fabuloso retorno solar.

Y ya me las piro. Mil gracias por leer. Seguid soñando.

Emilio P. Millán

 

 

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