Aries: el bebé guerrero del zodiaco


La guerra es el padre de todas las cosas,

Heráclito

 

Mi genial amigo el Shato -que cumple años por estas fechas- el otro día me reprochaba cómo es que todavía no había publicado un especial sobre Aries. Su queja llegaba con todas las de la ley: Hace ya más de una semana que el Sol ingresó en el signo del carnero, ¿así que dónde estaba ese artículo detallando las virtudes del primer signo del zodiaco?

Como buen ariano, al Shato le mueven los impulsos. Sus reflejos son rápidos, la impaciencia le puede y, en general, la astrología le interesa poco. Posiblemente, para cuando este artículo aparezca mi amigo ya andará en otros menesteres y se habrá olvidado por completo de aquel comentario. Pero así son los Aries. No están aquí para terminar las cosas. Sino apenas para empezarlas.

Breve clase de Astrología sobre Aries

Ya sabéis que me encanta repetir que la carta astral es un círculo y, como tal, constituye una figura perfecta, completa e infinita que contiene a todos los signos repartidos por igual. Obvia subrayar que ningún arquetipo resulta mejor que el otro; es más, depende del resto para poder contar su propia historia. Algo así como o todos a la vez, o ninguno.

Sin embargo para que nuestra mente lineal sea capaz de comprender la magia del zodiaco, nos vemos obligados a establecer un punto de partida, un chispazo, un rayo, un detonante. Algo así como un espermatozoide que fecunde. Y ese punto del mandala lo representa Aries.

Aries pertenece a la triplicidad de fuego, con cualidad cardinal y polaridad masculina. No podía ser de otra manera. El fuego, recordemos, representa a la voluntad, los ideales, la necesidad de autonomía y de autoafirmación. Existe una metáfora muy práctica respecto a los signos de este elemento: Aries es la chispa que enciende la hoguera; Leo, la llama que arde constante; y Sagitario representa a las brasas volátiles que acabaran aterrizando en un lugar completamente diferente.

La cardinalidad de  Aries nos remite al liderazgo, a su iniciativa y a la búsqueda continua de objetivos. De la polaridad masculina inferimos extroversión, acción y más dinamismo. Así Aries constituye un arquetipo muy puro, primitivo, sin matices ni recovecos, ni intenciones ocultas. Directo y sincero. A veces hasta ingenuo.

Fijaos que dentro de la rueda del zodiaco, Piscis precede a Aries, con su caos, disolución, contacto con lo divino. En el signo de los peces se perdieron todas las formas y nos sumergimos en el universo de las posibilidades, una especie de útero cósmico donde el alma duerme apacible, soñadora y a la espera.

Para salir de este estado pisciano tan placentero hace falta un arrebato de energía muy brusco, como el de un parto. Y esta es la vibración típica de Aries, que se reconoce diferente del resto de posibilidades, despierta con violencia, sale fuera y berrea para expresar su deseo. De ahí que estos nativos tengan fama de temperamentales y haya que gastar cuidado con ello, sobre todo los días que se levantan con los cuernos torcidos.

Siguiendo con la rueda del zodiaco, Aries se la pasa tratando de imponer su voluntad -yo, yo y más yo- mientras que su opuesto, Libra, se debate buscando el equilibrio con el otro -tú, tú y más tú. Así, Aries busca la independencia y Libra pareciera que no es nadie sin un socio, un compañero o una media naranja. De todas formas, os adelanto que como todo signo de fuego y a pesar de su carácter bruto, falto de tacto y poco dado a los sentimentalismos, Aries es un arquetipo idealista muy romántico.

No podemos concluir esta pequeña clase astrológica sin mencionar el regente de Aries. Se trata de Marte, conocido como el planeta rojo y al que los antiguos consideraban el maléfico menor por sus efectos destructivos. Fijaos que en la mitología romana, Marte -y su equivalente Ares, de la tradición griega- representaba al dios de la guerra. Cruel, impositivo y caprichoso sin embargo preservaba el ánimo y otorgaba la energía y el coraje necesarios para vencer en la batalla. Buscad en la carta natal qué casa ocupan Aries y Marte porque será el área de vuestra vida en la que invertiréis mucha energía, os sentiréis activos, dinamizados, pioneros y con muchas ganas de camorra.

Aries: un mito y su lucha por la identidad

Existe un mito muy bonito y muy interesante vinculado con Aries: el de Jasón y el vellocino de oro. De acuerdo con el relato, Jasón no pudo gobernar porque su tío le robó el trono. Para hacerle más la puñeta, el tío le dijo que sólo podría volver a reinar si encontraba y traía la piel de un carnero alado llamado Crisómalo. Se trataba de una empresa harto difícil y el tío confiaba en que Jasón moriría en el intento. Jasón no se lo pensó dos veces y se se lanzó a la aventura. Hizo amistad con los argonatuas, los lideró hasta que encontraron el vellocino y por último recuperó su trono. La piel de aquel carnero -el vellocino de oro- se convirtió en la constelación de Aries.

De este mito extraemos entonces que Aries nace con un potencial -el trono al rey- que sin embargo le es arrebatado. Normalmente la figura que representa al usurpador del trono es el padre del nativo. A menudo vais a encontrar que el ariano ha de pasar por un periodo en el que se lleva a matar con su padre. Pareciera que este les roba, coarta o impone la identidad. Además de enfrentarse contra este, también necesitará salir del núcleo familiar pronto, vivir sus propias aventuras y peligros, conocer amistades a las que liderar y por fin localizar su propio vellocino de oro.

Este mito se repite sin fin; incluso si Aries siempre anduvo de buen rollo con el padre o, más adelante se reconcilió con él. Así, gran parte de su vida girará en torno a esta lucha muy personal: por descubrirse, por llegar a ser, por impedir a toda costa que los otros le roben su autonomía e identidad. De hecho, no es que a Aries le interese mandar -como puede sucederle a un Leo, un Capri o un Escorpio-; pero como no soporta estar bajo la voluntad de otros, termina colocándose en posiciones de poder.

Aries se autodescubre mientras compite contra los demás. Disfruta siendo el primero y le encanta ponerse a prueba con retos, obstáculos, desafíos. Se trata de un arquetipo muy valiente, intuitivo, de reflejos ultrarápidos, entusiasmo contagioso y vitalidad. Pero también puede tener un carácter dominante, mostrarse muy violento, temerario y extremadamente egoísta.

Si bien su regente, Marte, le otorga una excelente voluntad, a Aries le falla la perseverancia y la resistencia: empieza de todo, nunca le falta una meta que perseguir, pero le cuesta mantener la energía a largo plazo. Lo suyo son los golpes rápidos y los sprints, pero ni hablar de una maratón.

Espontáneos, directos e infantiles, a veces, al expresarse pueden meter grandes patones y no por maldad. De hecho, Aries peca de inocente. Se dice también que no es un signo que guarda rencores. Aunque se cabreen mucho, el enfado les durará poco.

Los hinchas de la “roja” en Sudáfrica. Más ariano, impósibol (Reuters).

Cómo no, Aries tiene que ver con los inicios y los liderazgos. A menudo coincide con el primogénito de la familia, el que viene a abrir el camino entre los padres y el resto de hermanos. Su color es el rojo y en el cuerpo se le relaciona con la cabeza -por eso un Marte mal dispuesto puede interpretarse como problemas de jaqueca o migrañas.

En general no es de constitución grande aunque sí fuerte y atlético. De labios finos, voz chillona, a ellos se les reconoce por el rostro alargado, sin demasiada barba y entradas grandes o chichones en la frente que recuerdan los cuernos del carnero. Ellas suelen ser bajitas, algunas muy rubias, de pelo corto o despeinadas, un tanto marimandonas y sin muchos abalorios ni arreglos.

El significado de los planetas en Aries

En toda carta natal, cualquier planeta situado en Aries así como la casa que ocupe Marte van a reflejar muchas de las características mencionadas en este artículo. Va ser indicio de guerra, de meneo, de energía invertida y de violencia.Y aunque parezcan conceptos negativos -y lo pueden ser- lo que Aries y Marte pretenden es que nos pongamos en movimiento, que salgamos a luchar por nuestros objetivos, que nos autodefinamos con una agresividad sana.

El Sol en Aries está exaltado. Manifestará con naturalidad muchos de estos atributos y andará siempre en esta búsqueda continua de identidad. Por supuesto habrá que tener en cuenta qué aspectos recibe este Sol, así como su regente y el resto de planetas personales. A veces encontraréis a Aries muy tímidos; algunos casi piscianos, otros muy taurinos. En fin, cada carta es un mundo. Pero seguro que el nativo mantiene una visión independiente, un área en la vida en la que se mueve sin pedirle cuentas a nadie, totalmente a su manera.  

Si Aries aparece en Ascendente, la persona tiene que aprender a ponerse las pilas. La vida se le impone por su velocidad y lo obliga a tomar decisiones rápidas, a desarrollar la intuición y a confiar en su capacidad de liderazgo y triunfo.

La Luna en Aries es un poco exagerada en su necesidad de autonomía. Digamos que hiperreacciona cuando siente que le invaden su terreno, lo cual sucede bastante a menudo. Eso sí, no le falta energía ni ganas de salir de la zona de confort. Puede darse en nativos que crecieron en hogares muy impositivos o con madres super mandonas. A veces, tanto la Luna y el Sol ariano, en mujeres pueden indicar que los padres deseaban un hijo

De Mercurio hemos hablado en algún boletín -también es el Mercurio de mi colega Shato-: impulsivo, intuitivo y con poca concentración. De Venus en Aries también hemos comentado mucho, y es que uno de los retrógrados más importantes del año: sabéis que el planeta aquí está en exilio, es decir, sintiéndose un poco como pez fuera del agua. Tampoco resulta tan trágico: da amor por los deportes, enamoramientos repentinos y de corta duración.

Marte en Aries está cojonudo: otorga buena musculatura, talento para el deporte y reflejos acertados. Aún así, su punto flojo sigue siendo la constancia. Júpiter en Aries es una posición muy afortunada: le regala al nativo mucha confianza en la vida, en sí mismo y en su capacidad de conquista. Eso sí, con aspectos tensos puede volverlo super egoísta: ambicionará lo suyo, pero también lo de los demás. Saturno en Aries pega fuerte – todos los Saturnos en fuego son jodidos- ya que somete y frena el impulso ariano; lo disciplina aunque a veces tanta energía acumulada puede explotar como una olla exprés.

Urano transita Aries desde el 2011 y saldrá en el 2019. Este tránsito se está sintiendo como un soplo de frescura para muchos de los carneros, que han reciclado por completo su profesión, sus relaciones, la manera de ver la vida o incluso cambiaron de residencia. La entrada de Urano en Aries, además, se relacionó con las manifestaciones de la Primavera Árabe. Los nacidos bajo esta configuración no se van a callar ni una. Ojalá sea así.

Neptuno ingresará en Aries allá por el 2025. La última vez que transitó al carnero fue del 1862 y 1875 y algunos lo vinculan con usos pioneros de drogas en medicina y la incursión de nuevas corrientes espirituales-filosóficas como los Testigos de Jehová o la Sociedad Teosófica. Veremos qué sucede, pues el planeta y el arquetipo poco tienen en común. Para el próximo Plutón en Aries habrá que esperar un poco, pues comenzará en el año 2066. Será una configuración muy dura con mucho tirano suelto; aunque creo que la siguiente generación en Tauro resultará todavía peor. Que nos lo cuenten nuestros tataranietos…

Aries necesita profesiones donde mande o se mueva a su antojo. Sin rutinas, con cierto riesgo y que exijan el uso de su fuerza física. Así, se siente en su salsa como deportista, explorador, bombero, corredor de rally, alpinista, soldado, torero. También como comercial, mecánico, autónomo a su aire o ese director de cualquier empresa siempre a la búsqueda de desafíos.

Rige la infancia, los niños, las cumbres y las jaquecas. El sexo primitivo y las cicatrices en la cabeza y en la cara. También la raza aria, el fascismo, el hierro, el acero, los hinchas de fútbol, los ferrocarriles y las películas bélicas. Junto a Marte signatura el sistema muscular, la sangre, los glóbulos rojos y el semen. Además, a Marte, como maléfico menor, se relaciona con la cirugía, los cortes, las quemaduras, la fiebre y la pólvora. También las explosiones y los accidentes. Hay que andarse con cuidado con esta energía violenta de Marte. Un tránsito tenso a Saturno o a Urano, salta la chispa y todo vuela por los aires. Lo suyo es un fuego primigenio que hay que saber manejar.

Por supuesto no faltan los Aries famosos. Desde Carlomagno a Leonardo Da Vinci, pasando por Van Gogh, Verlaine, El Lute y aterrizando en Lady Gaga. Vamos a encontrar varios directores de cine muy arianos: Tarantino, Kurosawa, Amenábar y Coppola. También deportistas tan conocidos como Ronaldinho, Roberto Carlos, Capriati o el malogrado Ayrton Senna. O cantantes como Aretha Franklin, Diana Ross, Elton John y Bustamante.

Del mundo del cine seguro que os suenan Jackie Chan, Eddie Murphy, Marlon Brando, Chaplin y Steve McQueen. Así como Emma Watson, Doris Day, Marisa Paredes, Joan Crawford y Bette Davis. Y de la literatura quizá reconozcáis a Milan Kundera, Marguerite Duras, Vargas Llosa y Flannery O’connor. Y no podía faltar mencionar a ese gran ariano, cabeza del gobierno español, don Mariano Rajoy. Que la fuerza nos acompañe.

*

Y ahora sí que nos vamos. Ya empieza la primavera, el cachondeo, el baile y esas ganas de ser auténticos. Seguid vuestro deseo. Que nadie os pise el terreno. Son tiempos de Aries.

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