Fluir: manual de instrucciones sobre eso llamado felicidad


Hace un par de años me alojé en Zacatecas en casa de Carlos, un couchsurfer muy generoso. Carlos poseía una pequeña colección de libros y, en seguida, atrajo mi atención un volumen de tapa celeste y autor de nombre impronunciable. El libro se titulaba  Fluir, una psicología de la felicidad y lo firmaba un tal Mihály Csíkszentmihályi. Mi paso por Zacatecas coincidió, además, con la semana cultural de la ciudad. Entre conciertos de Luz Casal y los Gipsy Kings, visitas a las galerías de los hermanos Coronel y el imprescindible paseo en teleférico, me sumergí, fascinado, en las páginas del libro. El autor teorizaba sobre algo tan sencillo y complejo como la felicidad y lo hacía sin enredarse en vaguedades espirituales ni obcecarse con la aridez científica.  Me dejó satisfecho. Hasta eufórico.

Casualmente, la obra ha vuelto a caer en mis manos -esta vez, aquí, en Berlín- y, aunque descubro redundancias en la segunda lectura, no puedo parar de reflexionar sobre las conclusiones tan interesantes a las que arriba el psicólogo.

Veintitrés siglos atrás, Aristóteles afirmaba que los hombres y mujeres no buscamos otra cosa en la vida más que eso: ser felices. Hoy día la psicología positiva ha hecho grandes descubrimientos y aportaciones al respecto. El interés creciente en terapias para el bienestar y el desarrollo personal, la meditación o el coaching evidencian esta eterna búsqueda, genuina al ser humano. Sólo basta detenerse un momento y contemplar a nuestro alrededor: Nada ha cambiado en absoluto. Todos queremos ser felices.

De eso trata este libro…

Ajedrez, pintura y… psicología

La biografía de Csíkszentmihályi (pronúnciese chik-sent-mijayi) merece un repaso. Nació en 1933 en Fiume (en la actual Rijeka, Croacia), en el seno de una familia húngara. Durante la segunda Guerra Mundial, siendo apenas un crío, pasó un tiempo en prisión. Csíkszentmihályi relata que fue en la cárcel donde se percató que, mientras jugaba al ajedrez entraba en un mundo en el que las desgracias exteriores ya no importaban. Esta idea del juego como experiencia de flujo se consolidaría más tarde en sus estudios.

Más pobre que las ratas, Csíkszentmihályi deambuló por Europa de adolescente. Durante esa época pintaba –otro hobby, fuente de flujo. En Suiza atendió, de chiripa, a una conferencia de Jung sobre platillos volantes que despertó su atracción por el psicoanálisis. Finalmente, llegó a los Estados Unidos en 1956 e inició sus estudios de psicología. Hoy día se le considera una de las figuras clave en el marco de la psicología positiva.

La pintura, fuente de flujo

Mientras estudiaba en la universidad, Csíkszentmihályi observó que, a pesar que la calidad de vida de los Estados Unidos hubiese mejorado, los porcentajes de depresión y suicidio no descendían. Concluyó que, si bien la falta de bienes materiales nos hace infelices, una vez cubiertas nuestras necesidades básicas, el aumento de estos no implica necesariamente que vayamos a sentirnos mejor. Algo así como que, con el estómago lleno, lo mismo nos da un iphone que un Samsung galaxy. Siete autos en el garaje o sólo uno.

Entonces lo que Csíkszentmihályi hizo fue entrevistar a artistas, deportistas y científicos. Le interesaba comprender cómo estas personas podían pasar tantas horas, ya fuera observando a través de un microscopio, escribiendo una partitura o preparándose para una competición. Al parecer, los entrevistados, al sumergirse en estas actividades, olvidaban por completo el hambre, las molestias del cuerpo y las preocupaciones, algo muy similar a lo que Csíkszentmihályi había experimentado en la cárcel mientras jugaba al ajedrez.

Más adelante, con el apoyo de otros investigadores, Csíkszentmihályi amplió su estudio e incorporó el Método de Muestreo de Experiencia (o Experience Sampling Study). Consistía en entregar un “busca” a diferentes personas y, de manera aleatoria,  enviarles mensajes pidiéndoles que describieran qué hacían y cómo se sentían en ese momento. La investigación se prolongó durante doce años e incluyó a personajes tan variopintos como monjas ciegas, frailes dominicanos, escaladores del Himalaya y pastores navajo.

Las conclusiones a las que se llegaron fue que en todo el planeta la descripción de bienestar – o de felicidad- coincidía con estados de actividad serena en las que el sujeto se sentía fluir con lo que realizaba. Daba igual que se tratase de una anciana del Tirol cuidando a sus vacas, un alpinista a cuatro mil metros de altura o un albañil evaluando el presupuesto para una vivienda. En todos primaba esta sensación del fluir.

Fue así nació el concepto de flujo en psicología positiva.

El fluir o por qué mola tanto

El fluir sería, por tanto, el estado mental operativo en el cual se está completamente inmerso en la actividad que se ejecuta. Algo así como el meditar. Algo así como el aquí y el ahora. El ser humano encuentra una satisfacción muy genuina –sí, sí, la  felicidad- cuando se concentra en una tarea, sobre todo, si esta requiere un funcionamiento óptimo de sus habilidades.

Para que se produzca el flujo Csíkszentmihályi propone los siguientes requisitos:

  1. Estás completamente concentrado en la tarea.
  2. Existe una gran claridad mental: sabes lo que haces y las normas a las que atenerte. Esta idea de estructura, de orden, resulta de vital importancia, como veremos después.
  3. Puedes evaluar en cualquier momento si lo estás realizando bien o mal.
  4. Comprendes que, a pesar del desafío, tus habilidades son las adecuadas y que la actividad es factible (se mejora, así, la autoestima).
  5. Te invade la serenidad: más allá de toda la acción que acometes, te sientes en paz.
  6. Se distorsiona la noción del tiempo: horas que pasan en segundos o segundos que parecen horas (así lo describe una de las bailarinas entrevistadas, al relatar sus sensaciones, inmersa en un complicado movimiento de danza).
  7. Te produce placer. Este es el requisito más cojonudo. Tiene que ver con la motivación intrínseca: no persigues la acción por su resultado, sino por la acción en sí. Hacerlo te da gustirrinín.

Sin ejemplificar, quizá la lista confunde un poco y puede que te preguntes dónde cojones están las actividades de flujo porque tú no las encuentras. Te equivocas. Resulta que las buscas y las realizas mucho más de lo que imaginas. Ahora veremos por qué.

La entropía y cómo nos reordenamos genuinamente

Según Csíkszentmihályi, nuestra mente tiende de manera natural al caos -al sálvese quien pueda-, una predisposición dolorosa y poco práctica que él denomina entropía. En el instante en que la mente no se halla enfocada, la asalta un volumen incontrolable de pensamientos. Además, durante el siglo XXI el estado de entropía se ha acentuado: vivimos en una sociedad cacofónica  que insiste en la información, la conexión y la velocidad. Con cada nuevo clic, te vinculas a veinte enlaces nuevos, y así, sucesivamente hasta el infinito y más allá.

Conectados hasta el Infinito y más allá…

Este incremento de opciones y libertades, esta dispersión generalizada, ha repercutido seriamente en nuestra estabilidad mental. Empeora si bajamos la guardia, por ejemplo, en los ratos ociosos. Cuando la gente no tiene / no sabe qué hacer, puede sentirse ansiosa y hasta volverse majareta. Suena un tanto extremo pero esto explica por qué algunos viejitos se niegan a jubilarse o, a tantos otros, el retiro les sienta fatal. También por qué los domingos y festivos los suicidios aumentan y los hospitales se llenan de enfermos. Si no sabemos ocuparnos,  la entropía muerde, ojo, y aprieta con fuerza.

De todas formas, dice Csíkszentmihályi, el ser humano busca por todos medios defenderse de este follón. Prácticamente toda actividad incluye cierta cualidad de flujo y nos predispone a ordenar la mente: escribir un diario, fregar los platos, preparar una tarta, fechar fotos, recordar este o a aquel evento, hacer cálculos mentales… Aunque cada una de estas acciones enraíce en un motivo psicológico individual, son, a la vez, actividades de flujo que imponen control sobre nuestra cabeza y se traducen en serenidad y en bienestar.

Lo mismo sucede con los hobbies y gustos: ya sea montar en patinete, estudiar astrología, practicar yoga, bailar salsa, coleccionar dedales…. Si tu vecina tiene cinco perros y quiere adoptar el sexto, sé empático: se está ordenando. Si tu hijo se dejó crecer las melenas y sólo quiere vestir de negro, más de lo mismo: se está ordenando. Y así se nos va la vida. Intentando poner orden.

A niveles más generales, entre las actividades ancestrales de flujo, Csíkszentmihályi destaca el arte y las religiones pero sobre todo el deporte. Los anfiteatros romanos y los campos de juego mesoamericanos sirvieron en la antigüedad como fabulosos escenarios de experiencias de flujo. ¿Te interesa la Eurocopa? A mí no, pero me siento algo más compasivo con los forofos futboleros.

Desafíate, enfócate y sé feliz: el verdadero flujo

Entre sonido, estímulos visuales y emociones el ser humano puede procesar unos 120 bits de información por segundo. Para leer y comprender este texto quizá necesitas unos 80 bits, pero el resto de tu mente puede divagar sobre qué vas a comer luego o aquél whatsapp que tienes que responder. Leer puede ser una experiencia de flujo, pero dependerá de tu grado de concentración.

Para que el verdadero flujo se produzca deberás afrontar una tarea que exija tu máxima capacidad: esos 126 bits… De ese modo, tu mente no dispondrá de más espacio para procesar otra información.

¿Cómo se consigue? Csíkszentmihályi propone este cuadrito super interesante:

El equilibrio entre nuestras habilidades y el desafío: ahí está el fluir

Como veis, el flujo se halla en ese equilibrio entre el desafío y el aprovechamiento de nuestras habilidades. Cuando la tarea es poco desafiante, nos aburrimos como ostras. Si, por el contrario, las exigencias nos desbordan, brota la ansiedad.

Jugando con ambas variables surgen estados que van desde la apatía, a la preocupación, al control, al relax. Las posibilidades son múltiples y el flujo no es gratuito: demanda un esfuerzo y una participación activa de nuestra parte. Conlleva a su vez, un crecimiento: la complejidad aumenta y nuestras habilidades mejoran.

Por último, el fluir siempre dependerá de nuestra interpretación personal: una situación desgraciada o un trabajo aburrido pueden convertirse en experiencias de flujo si se enfocan y ordenan de manera precisa. Aquí Csíkszentmihályi nos da los ejemplos de supervivientes a campos de concentración que se mantenían activos  y cuerdos mediante juegos mentales y retos diarios, como recitar poesía, clasificar objetos por colores y terminar una tarea en tiempo específico.

Pero tened cuidado, que con el fluir no todo son ventajas…

La personalidad autotélica: cuando se fluye en todas las direcciones

El fluir es amoral, nos recuerda Csíkszentmihályi: se puede encontrar flujo en el asesinato, en el robo, en la mentira… Posee un importante componente adictivo, como sería en el caso de los videojuegos. También existen individuos que alcanzas potentes estados de fluidez en el trabajo o en sus hobbies pero que, al mismo tiempo, son unos auténticos zopencos en el resto de facetas de su vida. Csíkszentmihályi desmitifica la imagen del genio: aquella eminencia en pintura, literatura o teatro, pero como persona, una auténtica mierda.

Como, según Csíkszentmihályi, somos seres sociales, lo ideal sería aspirar a un flujo no sólo para satisfacer nuestros propios deseos, sino también los de los demás. Por eso, las relaciones sociales se convierten en las experiencias de flujo más complejas y gratificantes y, de nuevo, se aplica el cuadro de arriba.

Sea con amigos, pareja o familia, si queremos que nuestras relaciones fluyan -que avancen, que crezcan- y no caigan en la ansiedad ni la desidia, debemos implicarnos con total goce y atención, estar dispuestos a desafiarnos, a mojarnos el culo y atender las necesidades del otro.

Así nace el concepto de personalidad autotélica, es decir, aquella persona que sabe fluir en cualquier experiencia, personal o colectiva. Que se involucra, que no ha perdido su curiosidad por la vida y que es capaz de concentrarse en tareas personales o grupales. Casi nada, ¿eh? Pues ahí tenéis vuestros deberes.

*

En la actualidad, el concepto del fluir se utiliza en enseñanza, en deporte, en dinámicas de grupo y en el trabajo. Bravo, Mihail. Nos encanta tu libro y, un poquito menos, tu apellido.

Os dejo con un vídeo del Punset, donde entrevista al psicólogo con su agradable acento.

 

Y ya que me despido… os lo confieso: yo quiero ser autotélico, ¿ y vosotros?

 

 

 

 

 

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