En Berlín, drogas mil (Parte I)


En Berlín la gente se pone hasta las trancas. No lo dice la Merkel, lo dice cualquiera que se de un paseo por los clubes nocturnos que ambientan la ciudad. Si a la urbe se la conoce como la capital del techno, por algo debe ser. Con una impecable oferta musical que abarca de viernes a lunes, o incluso martes, y precios mucho más asequibles que los de Londres, Madrid o la ultravalorada Ibiza, Berlín se erige como destino predilecto para los devotos de la electrónica.

Cada fin de semana, turistas y locales se congregan en la puerta de los clubes, dispuestos a aguantar colas de hasta tres horas, momento en el que el gorila de turno les decide el devenir de la noche. La caprichosa política de ingreso de Berghain, el templo del technothe church, como la conocen sus admiradores-  ya es todo un mito. Para entrar en Tresor, Watergate  y Sisyphos el asunto resulta más sencillo.

La semana pasada, por ejemplo, fui a bailar a About Blank -otro garito berlinés- y me encontré, al llegar, una cola kilométrica. Se celebraba el sexto aniversario de una archiconocida fiesta. Menos mal que yo estaba en la lista de invitados. Una vez dentro, escuché testimonios de quienes habían aguardado cuatro horas y media en la fila. ¡Cuatro horas y media!

Tanta paciencia y tenacidad sólo puede justificarse por la experiencia que sigue, una vez salvado el ingreso a la discoteca: cero prejuicios, libertad carnavalera y fiesta non-stop hasta que el cuerpo aguante. El empujoncito de las drogas, para entonces, nunca viene mal. Durante mi tarde-noche loca, la abarrotada pista de baile se descongestionó varias veces para cederle el paso a los de seguridad. Cargaban en brazos a los excedidos con la dosis.

Sin entrar en discursos morales y reconociendo mi admiración por la obra de muchos drogodependientes célebres, vamos a hacer un repaso a algunas de las sustancias más codiciadas por la noche berlinesa. A fin de cuentas, a la droga le pasa como a la comida. Cuando la consumes, pasa a formar parte de tu cuerpo y nunca está de mal saber qué es lo que te metes

Carretera y speed toda la noche

  1. Speed (anfetas, anfetaminas)

    Empecemos con el speed. Rápido. Barato. Por 10 euros ya tienes tu gramo en el bolsillo. Ese polvo que esnifas te sube gracias al sulfato de anfetamina, una molécula sintética emparentada con la efedrina, el alcaloide vegetal. Se descubrió en 1887 por un químico rumano que murió de sobredosis con su propio invento. Desde entonces, y a partir de alteraciones, se han sintetizado la metanfetamina y la dextroanfetamina, todas de la misma family.

    Para darle más volumen –sí, sí, como a tu pelo-, a la anfetamina del speed se le añade lactosa, carbonato de calcio -la tiza de las pizarras-  glucosa, sacarosa y manitol (edulcorantes y laxantes). Se mezcla también con cafeína, ibuprofeno y ácido acetilsalicílico. A veces, por cuestiones de atractivo, se le agregan aromas de manzana o cereza que en absoluto garantizan su buena calidad, como muchos creen.

    Una vez esnifado, todo este revoltijo se absorbe a través del tracto gastrointestinal. Su efecto es muy rápido y prolongado (hasta ocho horas después de su consumo).  El speed actúa como un poderosísimo estimulador del sistema nervioso central: aumenta el estado de alerta y la iniciativa y disminuye los niveles de fatiga y el sueño. Es como beberte treinta cafés de un golpe y por la nariz.

    Las anfetaminas, de hecho, son recetadas contra la narcolepsia y el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención por Hiperactividad). También se usan para tratar la depresión y en problemas de obesidad, pues inhiben el apetito. Si viste Réquiem por un sueño, seguro que recuerdas a la madre de Jared Leto, obsesionada con entrar en el vestido rojo para salir en la tele. Las pastillas adelgazantes a las que se engancha son anfetaminas.

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    A Ellen Burstyn se le fue un poco la mano con las anfetas

    En resumen, con cuidaíto, el speed es una opción estupenda para estos tiempos de crisis en los que el alcohol ya empieza a estar tan mal visto y los precios de los ron-cola y el Nespresso se pusieron tan caros. ¿Acaso no pillasteis las indirectas de las letras de El Columpio Asesino? Los poperos lo tenían muy claro. Larga vida al speed.

  2. Coca (coca, farla, farlopa, perico)

    En Berlín, la coca no sale barata. Según me cuentan, ni siquiera es de la buena. Aún así, la gente se la mete a destajo. Sandra, una amiga, me decía la otra tarde, en Tempelhof: Es que me tomo dos copas, me caliento el pico y ya estoy llamando al camello… Si me voy de fiesta, me encanta tener medio gramo en casa para cuando vuelvo.

    A 40 Euros la paga y porque conoce al contacto. El medio gramo.

    El alcaloide de la coca fue aislado por primera vez por el químico alemán Gaedcke, en 1855. Por supuesto, la hoja se mascaba en Suramérica desde mucho tiempo atrás. Hay vestigios de hace más de cinco mil años que confirman el cocaísmo, es decir, el masticado de hojas de coca con harina de caliza. Su uso, entonces, se restringía a sacerdotes y nobles. También se utilizaba como remedio contra el mal de altura.

    En 1859, otro alemán, Albert Niemann, refinó el proceso de Gaedkce y obtuvo, mediante una combinación con alcohol, ácido sulfúrico, bicarbonato sódico y éter, lo que hoy día conocemos como cocaína.

    Mucho ha llovido desde aquellos casi ingenuos experimentos hasta nuestros días de iphones, selfies y guerra contra el narcotráfico. Remontarte a los orígenes de esa raya que has esnifado, implica viajar desde el aseo de la discoteca a las húmedas selvas de Colombia, Perú o Bolivia.  Allí la hoja fresca de coca se recoge y se cocina, todo un delicado proceso que incluye mezclas y reposados con petróleo / queroseno, ácido sulfúrico y cal / potasa. Según el secado, se obtiene el bazuko –para fumarse, como el crack– o la pasta base. De esta pasta base, previo trabajo con disolventes y ácidos para cristalizarla,  sale la cocaína.

    Al igual que el speed, la cocaína es una droga muy sujeta a sufrir adulteraciones. Conforme se adquiere en cantidades menores, su porcentaje de pureza  disminuye, así que el consejo sería comprarla a kilos. Entre los cortes clásicos, además de los mencionados para el speed, se añaden también congelantes, como la lidocaína y la benzocaína, que emulan el adormilamiento en la boca, atribuido a la droga en su estado puro.

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    El mejor consejo: comprad en grandes cantidades y que no se entere tu vecino ni la poli

    La cocaína te pone como una moto porque modula la reutilización de las catecolaminas y de la dopamina. Sí, sí, como siempre: todo pasa en nuestras cabezas. A la dopamina se la asocia con el optimismo, el buen chute de energía y la motivación. De ahí que mucha gente enfarlopada sienta que domina el mundo, que son Superman y Superwoman. Unida a esta euforia y desinhibición aparecen efectos como taquicardia, sudoración, dilatación pupilar y aumento de la temperatura corporal, pero dependerán mucho del corte.

    Los efectos de la cocaína sobre la regulación de la serotonina -otro neurotransmisor- podrían explicar la poderosa dependencia psicológica que genera así como la fase depresiva que acompaña cuando deja de tomarse. Se la conoce como una droga muy egoíca. Se dice que “el speed se comparte; la coca, no”.

De la farmacia a la pista de baile 

Ya hemos mencionado el uso de las anfetaminas con fines terapéuticos. Durante la Segunda Guerra Mundial tanto los Aliados como las Potencias del Eje las suministraban a sus militares para que lo dieran todo por la patria.  El famoso Katovit, que potenciaba la concentración de los universitarios españoles, allá por los años 90, también era un compuesto anfetamínico.

Si hablamos de la cocaína, su cronología como fármaco parece de telenovela. El descubrimiento de esta droga en Europa, a finales del siglo diecinueve, entretuvo a numerosos médicos, intelectuales y modernillos de la época.

Así, en 1861 nació el Vino Mariani, una mezcla de vino de Burdeos con coca pulverizada que se publicitaba como tónico estimulante. Fue un remedio aclamado por escritores como Zola, Verne, Dumas y Conan Doyle. Lo bebían la reina Victoria de Inglaterra, el rey Jorge I de Grecia y Alfonso XIII de España. Incluso los papas Pío X y León XIII le daban a la botella. Qué buenos y cocainómanos tiempos aquellos.

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¿Dolor de muelas? Unas gotitas de cocaína, para el niño y la niña

La Coca-Cola, de hecho, surgió como competencia del Vino Mariani. Entre sus ingredientes, además de vino y las hojas de coca, se incluía nuez de cola, una fuente de cafeína. Como veis, el nombre del refresco no es casual. La Coca-Cola de entonces prometía mejorar los problemas nerviosos, los digestivos, el agotamiento físico y mental, la jaqueca y la neuralgia. Servía también como vigorizante general y afrodisíaco, además de ayudar a los adictos al opio y la morfina a librarse de su dependencia. Si alguna vez, te bebes el refresco y te sienta raro, ya puedes imaginarte el porqué.

La cocaína molaba tanto que Sir Arthur Conan Doyle no tuvo reparos en iniciar su novela El Signo de los cuatro con Sherlock Holmes metiéndose un chute. Nuestro queridísimo Freud, el padre del psicoanálisis, se ponía de coca hasta arriba  y, encima, la recetaba a sus pacientes a diestro y siniestro, no fuera que se quedaran con las ganas. Con Über Coca, Freud inició una serie de artículos científicos donde se explayaba en elogios hacia la sustancia. Muchos de sus pacientes cayeron en la dependencia, y el mismo austríaco las pasó canutas para desengancharse. Ay, Freud… una mala tarde la tiene cualquiera

Durante muchos años, la cocaína se comercializó en comprimidos para el dolor de garganta y de muelas. Se utilizó también como anestésico para intervenciones oftalmológicas y dentales. Hoy día su uso como fármaco permanece muy limitado y se la considera una de las drogas más peligrosas por su componente adictivo. Apenas superada por la heroína y muy por encima de otras que discutiremos en el próximo artículo.

¿Sabéis de cuáles hablo?  Venga, valientes… La lista ya está elaborada: una empieza por K, otra por M y otra por G… pero se aceptan sugerencias por si tenéis alguna favorita para darle el buen repaso…

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Según el gráfico de The Lancet, la cocaína sale muy mal parada. El Popper y los esteroides son más recomendables

Espero vuestros comentarios, sugerencias y chorradas.

Entre tanto… mil gracias por leer, feliz desmadre y hasta la próxima.

(para leer la segunda parte haz clic)

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