Mr Buda riéndose de nosotros

El Poder de las Risa o cómo unas buenas carcajadas te pueden cambiar la vida


“La risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano”.
Víctor Hugo

Hace como un par de meses, mi Tata colgó una imagen en Facebook que me hizo muchísima gracia. Era un chiste verde de estos que de pequeño hubiera adorado, pues hablaba de los asuntos prohibidos por los mayores (tetas, culos, pitos y esas cosas). Durante los siguientes días, cada vez que evocaba la imagen, me desternillaba solo de la risa. Me divertía tanto que al final se la envié a mi querida amiga Robotius.

Luego, una tarde, visité a mi amiga. Nos pusimos al tanto de nuestras vidas y, en algún momento, mencioné la imagen que le había mandado. Sin saber muy bien cómo nos enredamos en un bucle de carcajadas que me tiró del sofá al suelo. El aire me faltaba, golpeaba las baldosas fuera de control, los músculos de la barriga me dolían con sus sacudidas y notaba cómo unos lagrimones tremendos se derramaban por mis mejillas. Si intentaba hablar, sólo chillaba y ni siquiera conseguía terminar las frases. A mi amiga tampoco le iba mucho mejor, retorciéndose de un lado a otro de la cocina. Así aguantamos un rato, sin poder dialogar nada inteligible, hasta que, poco a poco, se fueron atenuando los efectos y, finalmente, nos calmamos.

Por supuesto, no nos habíamos vuelto locos. Claro que no. Tampoco nos había entrado el baile de San Vito ni poseído alguna entidad demoníaca. Lo que habíamos vivido era un ataque de risa. Otro de tantos.

Orígenes de la risa: ¿desde cuándo el cachondeo?

Parece que nos hemos reído un montón a lo largo de la historia: Quizá como respuesta de alivio tras sobrevivir al peligro, como señal de triunfo tras conseguir lo deseado o para dominar el estrés ante la presencia de una amenaza. Según los científicos la risa constituiría una forma de comunicación innata heredada de los primates. El hecho que los chimpancés y los orangutanes también rían, sugiere que nuestras carcajadas son el resultado de un proceso evolutivo y genético que se inició hace seis millones de años.

En la historia de la civilización las referencias a la risa (a lo cómico, a lo humorístico) aparecen temprano: En el Génesis del Antiguo Testamento se nos habla de la risa de Abraham y Sara y se diferencia entre la acción de reírse con alguien y  reírse de alguien  (ay, la Biblia y sus discursos morales).

A principios del siglo IV a. C. Platón, Sócrates y Aristóteles ya teorizaban sobre la risa y Aristófanes se la pasaba escribiendo comedias teatrales. A su obra Las nubes le debemos el hagi, ese gesto cuasi universal donde uno estira el dedo medio de la mano y manda a hacer puñetas al que le corresponda.

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Esta nena leyó a Aristófanes y se convirtió en una forofa del hagi a dos manitas

Fue en Grecia también donde se publicó la primera colección de chistes, el Philogelos, allá por el siglo IV. La figura del Hatei, ese budita gordito y risueño que seguro que conocéis de la iconografía china, apareció durante el reinado de la Dinastía Lang (año 502-557). Desde entonces, el cachondeo no ha parado ni las elucubraciones al respecto: Hobbes, Kant, Schopenhauer, Freud… todos han divagado y aportado su granito de arena respecto al fenómeno de la risa. Luego llegarían Chaplin, Cantinflas, Bud Spencer y Carmen Machi. Pero esa ya es otra historia.

Que nadie se ría que esto es cosa seria

Las primeras risas surgen en el ser humano alrededor de los cuatro meses de edad. Como media, hasta los seis años un crío ríe entre 330 y 400 veces al día. De adultos, lo hacemos entre 20 y 30 y si eres muy serio o alemán, posiblemente te cueste llegar hasta las 10 veces diarias.

¿A qué se debe este dramático abandono de una costumbre que, a simple vista, parece inofensiva e incluso beneficiosa? Existen teorías que le echan los perros al legado judeocristiano y a sus rígidos preceptos monásticos. Fijaos, por ejemplo, qué nos cuenta la Regula Magistri  allá por el año 500: “Cuando la risa está por estallar hay que prevenir, sea como sea, que se exprese […] entre todas las formas malignas de expresión, la risa es la peor“. Con perlas como esta, a ver quién tiene cojones de reírse, que encima viene la monja superiora y te arrea un cocotazo. Y como venga el cura… ya ni te cuento.

Religiones aparte, otros autores apuntan a que el sistema educativo convencional penaliza la risa y fomenta la seriedad. Como apuntaba Umberto Eco, la risa atenta contra el poder. Así, a los nenes, en cuanto crecen un poco, se les inculca el miedo al ridículo y se les premia la formalidad, igualándola a la eficacia. Lo divertido se destierra al recreo y / o se reserva a los marginados: esto es, los gamberros y los torpes. Así se perpetua esta creencia de que risa e inteligencia /aprendizaje resultan incompatibles.

Curiosamente, tanto a niveles físicos como psicológicos, la risa nos aporta un porrón de beneficios. Cada carcajada moviliza casi la totalidad de los 400 músculos de la cara así como algunos del estómago que sólo pueden ejercitarse riendo. Los músculos faciales generan un estímulo eléctrico que, a través de los nervios sensitivos, alcanzan la glándula pineal y la hipófisis. Doña Pituitaria se ocupa de soltar endorfinas a tutiplén y entonces surge esa sensación de relax, bienestar y super gustirrinín generalizado.

La risa actúa como gimnasia tonificante para el rostro ya que estira los músculos de la cara. Si te pasa como a mí, que se te saltan las lágrimas, la risa además, te limpia los ojos y, al hacer vibrar la nariz y los oídos, estos se despejan. También fortalece el corazón y previene enfermedades cardiovasculares. Mejora la capacidad respiratoria pues permite que entre el doble de aire en los pulmones (12 litros en lugar de los 6 habituales) y, encima, oxigena la piel.

Cuando reímos –cuando reímos de verdad- provocamos un masaje interno desde el diafragma que facilita la digestión, favorece la eliminación de bilis y evita el estreñimiento. ¿Problemas con la caca? A reír se ha dicho. También regulamos la hipertensión y mejoramos el riego sanguíneo. Previene del insomnio. Y, no sólo eso, reforzamos nuestro sistema inmunológico, pues aumenta el número de linfocitos, citoquinas e inmunoglobinas.

¿Qué os parece?

Ataques de risa: La increíble epidemia de Kashasha, Tanzania

En realidad, tampoco necesitáis aprender de memoria todos los beneficios de la risa. Lo importante es captar la idea de que la risa es guay, la risa es chachi, la risa nos ayuda. Al menos casi siempre. Y si no lo creéis, permaneced atentos a esta historia:

En enero de 1962, cerca de la aldea de Kashasha, en Tanzania, se inició una epidemia de risa que se extendió durante varios meses y que se dice que afectó a un millar de personas. Todo empezó cuando en una escuela misionera del lugar tres crías comenzaron a reírse y las carcajadas se contagiaron al resto de los pupilos. Los síntomas combinaban ataques irregulares de risa y llanto, duraban desde unas horas hasta 16 días  y obligaron a cerrar la escuela porque allí nadie se concentraba.

No sólo eso, de Kashasha la epidemia se propagó a Nshamba y, después, a cerca de Bukoka y, entre una cosa y otra, se cerraron catorce escuelas y la gente se pasó medio año riendo.

Bueno, riendo y no riendo. Aunque pinta muy bonito y cinematográfico, las risas formaron parte de un episodio de histeria colectiva y los afectados, además, sufrieron de diarrea, desmayos, flatulencias, erupciones en la piel… Así que no me queda tan claro si la epidemia les hizo mucha gracia.

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Reír para curarnos: yoga, carcajadas, cine y buena compañía

El sentido del humor es un mecanismo psicológico mucho más complejo de lo que imaginamos. Reír nos permite restar dramatismo y enfrentarnos con eficiencia a las situaciones de estrés. ¿Qué haríamos sin unas buenas risas ni los chistes ni la guasa de los amigos y la pareja? Nada como una buena sesión de carcajadas para levantarnos el ánimo y aprender a ver la vida con otro color.

El poder terapéutico de la risa ya era muy apreciado en la antigüedad. En El Libro de los Proverbios se dice que “El corazón alegre es buena medicina, pero el espíritu quebrantado seca los huesos” (ay, la Biblia y sus dualidades y discursos morales). En China los taoístas enseñaban cómo una simple sonrisa aseguraba la longevidad y pensaban que la salud de la persona era proporcional a las veces que se reía durante el día. En algunas tribus sioux, los chamanes se disfrazaban de payaso para hacer uso de la risa al curar a los enfermos.

Como veis -y aunque parezca difícil de creer- han existido médicos preocupados por sacarle una sonrisa a sus pacientes. Gracias a las aportaciones en el siglo XIV del cirujano francés Móndeville y, sobre todo, las del también Rabelais en el XVI, nacería lo que hoy conocemos como risoterapia.

La risoterapia  es una técnica psicoterapéutica que busca producir beneficios mentales y emocionales en el paciente a través de la risa (si habéis visto la peli de Patch Adams, un tipo que por cierto aún vive, seguro que esto os sonará). Mediante proyecciones de comedias y actuaciones de payasos y cómicos, se aspira a agilizar el proceso curativo.

Otra técnica utilizada en la actualidad es el Yoga de la Risa, creado por el Dr. Madan Kataria, que combina yoga, ejercicios respiratorios y mucho cachondeo absurdo. El tipo se basa en el precepto de que no necesitamos ningún motivo externo para reírnos y que podemos auto-provocarnos la risa. Aprovechándose del efecto contagioso de las carcajadas, organiza encuentros y talleres bastante peculiares. Tenéis que ver sus vídeos y a los hippies corriendo en círculos, muertos de la risa. Nosotros hicimos la prueba el domingo pasado en Tempelhof y, por lo menos, al Shato, le dio excelentes resultado.

Hace poco, además, he descubierto la cineterapia, que utiliza la proyección de pelis para superar problemas y sanar dolencias. Por supuesto, contiene toda una sección dedicada a la comedia con listas interminables de los mejores largometrajes para que os descojonéis.

Os dejo aquí una lista muy impersonal e irreverente:

  1. Aterriza como puedas.
  2. Algo pasa con Mary.
  3. Top Secret.
  4. Despedida de soltero.
  5. American Pie.
  6. Amanece que no es poco.
  7. Schreck.
  8. Torrente, el brazo torcido de la ley.
  9. El gran Lebowski.
  10. Aquí llega Condemor, el pecador de la Pradera.

¿Qué os parece?  No importa si la peli es mala… Tampoco se trata de volverse un erudito del cine. Lo que importa es pasarlo bien y, sobre todo, ¡verlas en compañía! Si os apetece añadir alguna, apuntaos ahí abajo para la Cinemanía Cachonda.

Os dejo con un vídeos con escenas estupendas de Almodóvar. Inmejorable.

*

Ya sabéis. Si os ha gustado,  compartidme, dadle al Like, dadle al Love y a todas esas cosas internautas.

Nos vemos muy pronto. La semana que viene.

Siempre vuestro,

8========D

Este soy yo cada vez que escribo un artículo

 

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