7 Antihistamínicos Naturales para una Primavera Feliz


En el artículo del otro día sobre la primavera mencionábamos la oleada de alergias que acompaña a esta estación. Ya conocéis los síntomas habituales: que si estornudos, moqueo, lagrimeo y la impertinente picazón que afecta a ojos, nariz y garganta. En muchos casos, se trata de molestias esporádicas y, más o menos, llevaderas. En otros, la rinoconjuntivitis se agrava y, sumada a ataques de asma y algún extra, nos pueden hacer de la primavera una época insoportable. Sé de amigos que no pisan la calle sin su máscara a lo Michael Jackson, de aquellos que apenas pegan ojo a la noche y hasta de uno que hubo que posponer su fecha de boda. Yo mismo he sufrido de alergias durante mi infancia y adolescencia y mis recuerdos primaverales están poblados de pañuelos arrugados y noches incómodas sin poder respirar.

En España se estima que entre un 20-30 % de la población padece de alergia al polen. A nivel mundial, el porcentaje no parece variar demasiado. El tratamiento habitual recurre a vacunas y a fármacos como los corticoides y antihistamínicos: estos últimos, si bien mitigan los síntomas de la alergia, producen efectos secundarios, entre ellos, somnolencia y, en casos más extremos, náuseas y trastornos digestivos.

En este artículo os presento 7 antihistamínicos naturales que os ayudarán a mantener las alergias a raya. No se trata de que os deshagáis de la receta del médico, pero sí que la combinéis sabiamente, introduciendo estos alimentos en vuestra dieta. Como bien decía Hipócrates: Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina. Así que manos a la obra para que todos tengamos una primavera (y una alergia) feliz.

Señorita Alergia… disculpe, pero ¿usted quién es?

Y es que no nos cansamos de oírlo por todos lados, sobre todo en estas fechas. Aunque… ¿alguien sabe qué es realmente la alergia? ¿Quién me dice de qué va todo este rollo?

Bueno: La alergia no es más que una respuesta exagerada de nuestro organismo ante una sustancia (alérgeno), que pese a ser inocua, se detecta como peligrosa. Sobre su origen existe un claro factor genético y también una correlación medioambiental. Vamos, que depende mucho de si nuestros papás son alérgicos y del ecosistema en que hemos nacido o que nos rodea

Existe también la llamada hipótesis de la higiene, que pretende explicar el aumento imparable en las últimas décadas de pacientes con alergia: puede que al vivir en una sociedad menos expuesta a gérmenes, más aséptica, nos hayamos sensibilizado en extremo a determinadas partículas. Otras teorías contemplan el tabaquismo o la polución como factores influyentes.

el polen

Cuatro retratos de Mister Polen

Entonces, ¿cada día somos más?

Pues eso es lo que parece y así apuntan las estadísticas: ¡Arriba las alergias! ¡Alérgicos al poder! Además de las causas mencionadas arriba, se deben tener en cuenta los actuales hábitos alimenticios, la obesidad creciente y el sedentarismo.

El efecto invernadero y los inviernos más suaves también influyen en la sensibilización a partículas a las que anteriormente no hacíamos ni puñetero caso. Se ha comprobado en estudios observacionales cómo inmigrantes de países poco contaminados, llegaban a lugares de mayor polución y en tres o cuatro años habían desarrollado un cuadro alérgico. Parece que en cuestiones de alergia, el ciudadano es solidario.

La histamina tocacojones.

En cualquier caso, imaginaos: El sistema inmune reconoce un alérgeno, le salta la alarma y envía a su super-ejército de anticuerpos -sobre todo, la inmunoglobina E- en nuestra defensa. La inmunoglobina E se alía con los mastocitos -unas células localizadas en la piel y las mucosas – y, entre las dos, se hinchan a liberar histamina, con el objetivo de cargarse al enemigo. Pero seamos sinceros: ¿qué daño nos va a hacer un poquito de polen de la naturaleza, los cuatro pelos del gato o el polvo sin limpiar de la mesita de noche? NINGUNO, claro. Lo que pasa es que esto la histamina no lo sabe y con su respuesta inflamatoria se suceden los típicos síntomas alérgicos: congestión nasal, el enrojecimiento y picor de ojos, estornudos y demás. Y todo por defendernos.

Ojo, que la histamina es una molécula muy molona, muy multitasking: como neurotransmisor regula nuestro sueño y vigilia, controla la actividad motora, la temperatura corporal, la conducta sexual, de agresividad y de defensa; vamos, que no para quieta y lo que quiere es ayudar. Es sólo que cuando entran los alérgenos en escena se vuelve medio loca, nos jode la marrana y, por eso, nos vemos obligados a echar mano a los remedios. Es como un tira y afloja: nuestro cuerpo produce histamina para combatir los agentes considerados nocivos y nosotros le metemos medicamentos a nuestro cuerpo para frenar la histamina. Por extensión, podemos concluir que los antihistamínicos son, a su vez, antiinflamatorios.

Vale, vale, me diréis, nos has quedado claro pero pásanos ya la puñetera lista…

Venga, pues aquí va. ¡Tachán!

La lista imprescindible para una primavera feliz

Vais a ver que, en definitiva, se trata de una serie de alimentos y/ o sustancias, todos con propiedades antihistamínicas / antiinflamatorias. Sed originales, combinadlos a vuestro antojo y que la cocina se convierta en un pasatiempo divertido e incluso en botica.

Venga, pues vamos:

  1. Vinagre de manzana. ¡Yeah! Aparte de ser un gran aliado para la limpieza, el vinagre de manzana  nos sirve como aliado contra las alergias del polen. Agrégale a un vaso de agua dos cucharaditas y listo para beber. Lo puedes mezclar con un poco de miel para aligerar el sabor. O simplemente incluirlo en las ensaladas, cuando las aliñas.
  2. Aloe vera. Conocido gracias a su uso directo sobre la piel por su cualidad refrescante y cicatrizante, el aloe también nos sirve como estupendo antihistamínico. Para ello, lo consumimos como zumo: sólo hemos de extraer la pulpa y batirla. Podemos rebajarla con agua, endulzarla o mezclarla con otros jugos de frutas. Y el resto, a la nevera o al congelador. También venden el zumo ya preparado y cuidado, no os paséis, que tiene efecto laxante.
  3. Vitamina C. Esta ya es un clásico que o sí o sí tiene que estar presente en nuestra dieta. Pero no os limitéis a las naranjas y limones. Recordad que la vitamina C abunda en el perejil, en la guayaba, en el pimiento rojo, en las fabulosas grosellas o zarzaparrillas, en el brócoli y en un largo etcétera. Larga vida a la vitamina C.

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    La guayaba, fuente de vitamina C

  4. Quercetina. Suena rara, ¿eh? Vosotros limitaos a tomarla, aunque es muy probable que lo hagáis sin tener ni idea. Se trata de un antioxidante con geniales efectos antihistamínicos y la encontramos en mogollón de verduras y frutas. La estrella es la cebolla, pero la siguen de cerca las manzanas, la avena, las espinacas, las cerezas y el ajo.
  5. Bromelina, o lo que os lo mismo: ¡a la rica piña para el niño y niña! Este complejo de enzimas es un potente antiinflamatorio. Se puso tan de moda que si no tienes piñas a mano lo podéis encontrar en cápsulas en cualquier herbolario. Ideal para deportistas y lesiones musculares.
  6. Zanahorias, alfalfa y jugo de rábanos. Estos tres alimentos, combinados creativamente a vuestro gusto, son un potente aliado contra la sinusitis y, en general, los trastornos de la alergia primaveral.
  7. Infusiones. No nos podían faltar. Señalaré como los más eficaces al té verde -alto contenido en catequita y quercetina-, la ortiga -quecetina- y la albahaca. En algunos foros en internet se menciona al rooibos, como antioxidante y antiinflamatorio.

Recomendaciones finales:

Como siempre, que uséis el sentido común. Si el brote de asma es muy fuerte, posiblemente no os quedará más otra que acudir a la caja de pastillas. Recordad que algunos antihistamínicos es mejor tomarlos a la noche, antes de dormir, y evitarlos si tenéis, por ejemplo, que conducir o subiros a un andamio.

Los momentos críticos del día, es decir, cuando los niveles de pólen se encuentran más elevados, son: a primera hora de la mañana y al atardecer. Por lo tanto, durante estos intervalos:

  • Mantened las ventanas de casa y del coche cerradas.
  • Evitad las actividades exteriores

Se recomienda ducharse y cambiarse de ropa al llegar al hogar. Tender la ropa dentro de casa, pues los granos de pólen quedan atrapados en las prendas. Y cuidado con las salidas al campo, la jardinería y cualquier actividad cerca de las gramíneas: los ataques de alergia pueden acentuarse.

Por otro lado, la lluvia limpia la atmósfera y aposenta el polen, regalándonos un respiro para dar aquel paseo por la sierra o podar las matas del jardín. ¡Usadla en vuestro favor!

Y así hemos llegado al final del artículo. Espero que os sirva los consejos mencionados y no no dudéis en incluir estos alimentos en vuestra dieta. Pero contadme: ¿cómo es vuestra primavera? ¿Sufrís de alguna alergia estacional? ¿Tenéis algún remedio casero que añadir a nuestra lista? No os lo calléis y escribid, que de eso se trata.

Mil gracias por leer y compartir. Pero sobre todo… ¡MUY FELIZ PRIMAVERA!

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¡Participando aprendemos todos!

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